Si te digo taurina, probablemente lo primero que te venga a la cabeza sea una lata de bebida energética. Y, casi inmediatamente después, palabras como energía, activación o excitación.
Es comprensible. Durante décadas la taurina ha compartido envase con cafeína, azúcar y otros ingredientes asociados a este tipo de bebidas. El problema es que, por simple asociación, hemos terminado atribuyéndole efectos que no le corresponden.
Para que quede bien claro: La taurina no es un estimulante.
De hecho, desde el punto de vista del sistema nervioso, sucede algo bastante más parecido a lo contrario.
Mientras que la cafeína es un verdadero estimulante del sistema nervioso central , la taurina ayuda a que el cerebro no se pase de revoluciones y contribuye a mantener el sistema nervioso en equilibrio.
Así que quizá haya llegado el momento de separar a la taurina de la lata con el toro rojo que le dio fama.
Empecemos por el principio: ¿qué es la taurina?
La taurina es un aminoácido funcional que se encuentra de forma abundante en nuestro organismo, especialmente en tejidos con una gran actividad metabólica o eléctrica, como el cerebro, la retina, el corazón y el músculo esquelético.
A diferencia de otros aminoácidos, su principal cometido no es formar proteínas. La taurina permanece libre para participar en numerosas funciones: ayuda a regular la actividad de las neuronas, interviene en el equilibrio de minerales como el calcio y el magnesio y contribuye al buen funcionamiento de nuestras células.
Su nombre procede del latín taurus —toro—, porque fue aislada por primera vez de la bilis de este animal. Pero, y vuelvo a repetirme, que no nos engañen ni su nombre ni su presencia habitual en las bebidas energéticas: la misión de la taurina no es excitarnos, sino ayudarnos a mantener el equilibrio.
Nuestro organismo puede sintetizarla a partir de aminoácidos azufrados como la cisteína y la metionina, y además la obtenemos de la alimentación, especialmente de alimentos de origen marino.
Cómo regula la taurina la actividad neuronal
Para entender mejor el papel de la taurina en el cerebro conviene conocer dos tipos de señales que utilizan nuestras neuronas para comunicarse.
Por un lado está el glutamato, uno de los principales neurotransmisores excitadores del cerebro. Es imprescindible para funciones como el aprendizaje y la memoria, pero cuando su actividad es excesiva puede sobrecargar a las neuronas.
En el otro lado encontramos neurotransmisores como el GABA y la glicina, que actúan como una especie de freno y ayudan a contener esa excitación generando calma neuronal.
La taurina interactúa precisamente con estos sistemas. Puede favorecer la actividad de las vías inhibitorias relacionadas con GABA y glicina y, al mismo tiempo, ayudar a limitar algunos de los efectos de una estimulación excesiva por glutamato.
También participa en el control del calcio dentro de las neuronas, otro mecanismo importante porque una entrada excesiva de calcio puede terminar dañando la célula.
Todo esto ayuda a entender por qué la taurina se estudia desde hace años por su posible papel neuroprotector: no “apaga” el cerebro, lo regula.
El papel neuroprotector de la taurina
La taurina no solo participa en la forma en que se comunican nuestras neuronas. También ayuda a protegerlas.
El cerebro es uno de los órganos que más energía consume y sus células son especialmente sensibles al exceso de estrés oxidativo, a la inflamación y a los desequilibrios en minerales como el calcio. Cuando estos mecanismos se alteran durante demasiado tiempo, la neurona empieza a funcionar peor y sus mitocondrias —las estructuras encargadas de producir buena parte de su energía— también pueden resentirse.
La taurina actúa en varios de estos frentes:
- Ayuda a mantener bajo control la entrada de calcio en la célula.
- Contribuye a proteger las membranas neuronales.
- Participa en mecanismos relacionados con el control de la inflamación y del estrés oxidativo.
También tiene una relación muy estrecha con las mitocondrias. No solo porque ayuda a evitar que una sobrecarga de calcio las ponga en dificultades, sino porque interviene en procesos necesarios para que produzcan energía de forma adecuada.
Por eso, como ya hemos dicho anteriormente, la taurina lleva años despertando interés en el campo de la neuroprotección y el envejecimiento cerebral.
No estamos hablando de una molécula milagrosa, sino de una sustancia que forma parte de los propios mecanismos con los que nuestras células intentan protegerse, mantener su energía y funcionar bien a lo largo del tiempo.
Taurina y regulación del sistema nervioso autónomo
Nuestro sistema nervioso autónomo trabaja continuamente ajustando funciones que no tenemos que controlar de manera consciente: el ritmo del corazón, la presión arterial, la respiración, la digestión o el calibre de nuestros vasos sanguíneos.
Una de sus ramas, el sistema nervioso simpático, nos prepara para la acción: acelera el corazón, aumenta el estado de alerta y moviliza recursos cuando tenemos que responder a una amenaza o a una situación exigente. La otra gran rama —el parasimpático, estrechamente relacionado con el nervio vago, la gran autopista del sistema parasimpático.— favorece los procesos de recuperación, digestión y descanso.
No se trata de que uno sea bueno y el otro malo. Ambos son necesarios. El simpático es imprescindible para levantarnos de la cama, entrenar, trabajar o reaccionar ante un peligro. El problema aparece cuando el organismo pasa demasiado tiempo con el simpático pisando el acelerador y nos cuesta salir de ese estado de activación.
La taurina participa precisamente en esta regulación. Los estudios en humanos muestran que puede reducir el tono simpático, disminuyendo la liberación de catecolaminas como la adrenalina y la noradrenalina –ambas, hormonas del estrés–, y favorecer un una regulación más equilibrada del sistema cardiovascular.
Uno de los mecanismos que ayuda a entender este efecto es el barorreflejo.
En nuestras grandes arterias existen pequeños sensores que vigilan continuamente la presión de la sangre. Cuando detectan que aumenta demasiado, envían una señal al cerebro para que reduzca el impulso simpático y aumente la respuesta parasimpática. El corazón desacelera y los vasos ajustan su tono.
Es uno de los sistemas que permiten al organismo frenar cuando ya no necesita seguir acelerando.
La taurina interviene en los circuitos nerviosos que participan en esta regulación y se ha relacionado con una mejor función del barorreflejo y con una menor actividad simpática.
Disponemos de numerosos estudios de intervención en humanos en los que la suplementación con taurina ha conseguido reducir la presión arterial, además de mejorar algunos parámetros de función vascular.
Por eso, resulta tan paradójico seguir pensando en la taurina como una molécula excitante. Si algo parece enseñarnos su fisiología es precisamente lo contrario: la taurina forma parte de los mecanismos que ayudan al organismo a regular la activación y recuperar el freno cuando lo necesita.
La relación entre taurina y magnesio
Magnesio y taurina es una combinación ganadora, ya que ambas moléculas comparte multitud de funciones a nivel celular.
El magnesio participa en cientos de reacciones enzimáticas, es indispensable para la producción y utilización del ATP y desempeña un papel esencial en la excitabilidad neuromuscular.
En el sistema nervioso tiene además una función especialmente interesante: contribuye a controlar la entrada de calcio y participa en la regulación del receptor NMDA, lo que se traduce en un efecto calmante a nivel neuronal.
Sintetizando, podríamos decir que el magnesio participa en la relajación muscular, la producción de energía, la transmisión nerviosa y el control de la excitabilidad celular.
La taurina, por su parte, actúa desde rutas diferentes, pero convergentes: modula también la homeostasis del calcio, la excitabilidad neuronal, el equilibrio osmótico y determinados sistemas neurotransmisores inhibitorios.
La relación entre taurina y magnesio va más allá de que ambos participen en la regulación del sistema nervioso.
La taurina actúa como osmólito, es decir, ayuda a las células a mantener el equilibrio adecuado de agua y minerales en su interior.
Para que una célula funcione correctamente necesita mantener unas concentraciones muy precisas de minerales a ambos lados de su membrana. Calcio, sodio, potasio y magnesio entran y salen continuamente, y de ese movimiento dependen funciones tan importantes como la transmisión nerviosa o la contracción y relajación muscular.
La taurina participa en ese delicado equilibrio. Ayuda a estabilizar las membranas celulares y modula distintos canales y transportadores que regulan el paso de minerales.
Esto resulta especialmente importante en el músculo, uno de los tejidos donde encontramos mayores concentraciones de taurina. Allí participa en el control del calcio, en la contracción muscular y en el mantenimiento del entorno celular necesario para que otros minerales, entre ellos el magnesio, puedan ejercer correctamente sus funciones.
La taurina ayuda a crear el entorno celular en el que el magnesio puede funcionar.
La complementariedad entre taurina y magnesio se ha investigado especialmente en el ámbito cardiovascular, donde ambos compuestos comparten efectos sobre la regulación del calcio, las membranas celulares y el tono vascular. Desde hace décadas se ha propuesto que sus acciones pueden resultar complementarias.
Entonces, ¿por qué la taurina está en las bebidas energéticas?
Aquí está buena parte del origen de la confusión.
Que la taurina aparezca en una bebida energética no significa que sea la responsable de su efecto estimulante. En este tipo de productos, ese papel corresponde principalmente a la cafeína, que sí actúa directamente sobre el sistema nervioso central aumentando el estado de alerta.
La taurina se incorporó por motivos diferentes, relacionados con la función muscular, el metabolismo energético, el equilibrio de líquidos dentro de la célula y el rendimiento físico. Su perfil fisiológico, por tanto, es muy distinto al de la cafeína.
De hecho, cuando ambas sustancias se estudian por separado, resulta difícil seguir sosteniendo la idea de que la taurina sea una molécula excitante.
Podríamos decir que, durante años, la taurina ha cargado con la reputación de la compañía que frecuentaba.
Una molécula que merece una segunda mirada
Después de recorrer sus funciones, seguro que ahora te cuesta seguir viendo la taurina únicamente como “ese ingrediente de las bebidas energéticas”.
Y es que, pocas sustancias nutricionales han sufrido una asociación tan desafortunada.
Su nombre y que terminara formando parte de las bebidas energéticas, parecía inevitable que acabáramos pensando que la taurina servía para acelerarnos.
Pero la fisiología cuenta una historia muy distinta. Participa en la regulación de la actividad neuronal, ayuda a proteger nuestras células, interviene en el funcionamiento de las mitocondrias, contribuye al equilibrio del sistema nervioso autónomo y mantiene una relación especialmente interesante con minerales como el magnesio.
La taurina no empuja al organismo en una única dirección. No está ahí simplemente para activarnos ni para relajarnos. Ayuda a que diferentes sistemas mantengan el equilibrio que necesitan para funcionar correctamente.
Y esto explica también por qué resulta tan interesante su combinación con el magnesio: ambos participan, desde mecanismos diferentes pero estrechamente relacionados, en la regulación nerviosa, muscular y celular.
Durante mucho tiempo hemos mirado la taurina a través del cristal de las bebidas energéticas. Quizá haya llegado el momento de mirarla por lo que realmente es: una molécula de regulación, protección y equilibrio.
REFERENCIAS:
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